Y llegó el esperado día!
35 km, 3.500 metros positivos y una cima a 4.554 nos esperaban :) El plan: salir desde el pueblo, pasar por la cima y bajar en el menor tiempo posible sin hacernos daño.
A mi me hacía muchísima ilusión seguir explorando ese macizo y llegar a la cima en la que nunca había estado, todo un reto en sí mismo!
A las 3 en pie, desayuno contundente y preparar todos los titos. Para esta carrera el material es extenso: crampones, cuerda, arnés, arva, mosquetones, bastones, manta térmica, pequeño botiquín, agua, ropa... y teníamos que ir con ropa larga, tanto piernas como brazos cubiertos.
Nos acercamos a la salida donde teníamos que pasar un control para comprobar que todo estaba correcto y ya esperar templando nervios. Casi no me acordaba de las sensaciones, de las previas a la salida y de las primeras corriendo cuando el ritmo y los nervios ponen el cuerpo al rojo vivo!
Tras cruzar las calles donde nos dieron fuerzas los ánimos, cogimos las primeras pendientes buscando nuestro ritmo e intentando no dejarnos arrastrar por el resto de parejas. En el corazón de los alpes la gente anda mucho, tienen terreno de sobra y altitud, y eso se notaba en el grueso del pelotón, desde el principio ritmos muy altos que ya no pararían hasta abajo.
La parte de bosque se me pasó volando y enseguida estábamos en las campas superiores. Entramos en el circo donde nos habíamos dado la vuelta los días anteriores y rápidamente afrontamos la subida al collado. Aquí vi claro lo bien que habíamos hecho el martes al no continuar. La subida, muy empinada, estaba además cargada de nieve y el ascenso se hacía muy duro. Nada recomendable para no tener mucha costumbre.
En el collado del Salati tuvimos la súper sorpresa de tener a David y Miriam animando, un auténtico subidón, uf qué energía tener a tu gente en un lugar recóndito como ese animando a todo pulmón!! Pasamos el corte de tiempo muy bien y nos teníamos que encordar para entrar en la parte glaciar. Con la poca práctica de una tarde anterior y los nervios nos costó que la cosa quedara bien, pero ya salió y a seguir!




Una parte bastante llana daba paso a un corredor que habían equipado con dos líneas de cuerdas. Entramos en la que estaba más libre y comenzamos a subir, pero enseguida me di cuenta de que la otra habría sido mejor opción. Estaba muy complicado. Las altas temperaturas ya se empezaban a notar y no se habían formado escalones, más bien la nieve se había deslizado hacia abajo dejando una especie de tobogán por el que era costoso poder empujarse. Teníamos que tirar mucho de brazos por la cuerda, pero también sujetar los bastones. Fue un tramo complicadillo y divertido que nos dejaba ya casi a la altura del refugio Gnifetti, a 3.600 aprox.

Desde aquí hasta los 4.200m del collado de Lys se me hizo la parte más dura. Creo que la altura empezó a pasar factura. Era una pendiente de nieve continua, bastante blanda ya y empinada, y el collado nunca aparecía. Cuando por fin llegamos le comenté a Oihana que iba justa, incluso vi peligrar llegar a la cima. Ella me dijo que estaba igual y que íbamos viendo poco a poco. Fue una buena propuesta. En el collado, comimos algo y bebimos y entramos en un plató con un tramo de pendiente favorable. Fue la clave! Mi cuerpo como que se recompuso y otra vez tiraba con energía, además la motivación de ver que podíamos conseguir pasar por la cima me iba animando muchísimo. Después de todo el largo plató, un tramo muy vertical nos llevaba directas a la cima. Fue muy emocionante aunque efímero. Rápidamente nos tiramos para abajo, y esto es literal porque toda la parte superior la bajamos prácticamente con el culo.

Ya nos encontrábamos muy bien ya y pusimos un ritmo majo, pero... toda la nieve del glaciar se había ablandado con tanto sol, y nos empezamos a hundir hasta las rodillas. Con cada paso nos tocaba gastar un extra que de haber estado duro habría sido otra cosa. Además, uno de mis crampones se salía constantemente y había que colocarlo.
Bajando comí todo lo que pillé, tenía mucha hambre y había un avituallamiento con una especie de tartaleta alpina impresionante!
Después del paso del Salati vino lo peor. Ahí ya no hay glaciar y la nieve estaba apoyada sobre piedras y tierra, bastante cantidad completamente ablandada por el sol, por lo que a cada momento se metían las piernas hasta el fondo y había que tener mucho cuidado. Nos costó esta parte, y cuando la terminamos y abajo nos pudimos desencordar y correr, vimos que a las dos nos quedaban muchas fuerzas y ganas de apretar. Hicimos todo lo que quedaba de bajada a un ritmo súper bueno muy bien compenetradas y disfrutando. La pega fue que ya hacía muchísimo calor y la ropa larga nos cocía, pero era un mal menor.
Cerca de llegar al pueblo apareció David animando los últimos metros y nos dijo que teníamos a las terceras a nada, que les íbamos recortando un montón! Nos sorprendimos mucho porque no sabíamos cómo íbamos y no pensábamos tener opciones de podio. Poco nos quedaba de todas formas para poder darles caza, pero además, en las últimas curvas, Oihana dio un mal paso y se estrelló en el suelo. Fue una caída fea, de las que cuando valoras los daños aún tienes que agradecer que no haya pasado más. Oihana que es más dura que una roca se levantó y dijo que hasta meta, así que entramos felices y contentísimas en una cuarta posición que no esperábamos!
Gracias por venir chicas!!
Lo celebramos con una súper comida y cerveza, y la pena fue que no sabíamos que había podio y premio hasta la quinta pareja, así que nos lo perdimos.
Lo cierto es que me encantó la carrera, tanto que nada más terminar ya pensaba que quería volver. Esa tarde había una carpa con música y ambiente para el final de carrera así que aún estuvimos bailando y disfrutando.
Y tranquilamente al día siguiente iniciamos el viaje de vuelta hasta Bérgamo para volar el lunes después de una semana muy intensa.
Yo volví otra vez enamorada de Italia y sus montañas y con una sensación muy chula después de la carrera. de haber disfrutado del antes y del recorrido y sin expectativas, fue una gozada. Correr en pareja es algo que había hecho alguna vez en esquí de montaña, pero nunca en trail. Compartir carrera y viaje con Oihana y con el resto del grupo fue un lujo y un viaje inolvidable!!
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